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    September 28

    La importancia de llamarse... como te llames

    Tal día como hoy, hace muchos, muchos años (no recuerdo cuántos y no me apetece echar cuentas ahora, que pierdo el hilo) nació en Salamanca mi abuelito, que era un señor muy peculiar a su manera.  Pues nada, que nació y todo debió irle más o menos bien hasta que llegó el momento de bautizarle y entre mi bisabuelo, el cura y su padrino le marcaron de manera irremediable y bastante cruel. No porque fuese alérgico al agua bendita ni mucho menos, sino porque le enchufaron tres nombres que, como dirian los Mojinos Escozios, más bien parecían una venganza: Demócrates Wenceslao Geroncio. De acuerdo que en aquella época, lo de los nombres chungos era algo bastante común pero es que a él no le pusieron uno sino tres. El primero, capricho de su padre, en honor de la democracia (teniendo en cuenta que, para cuando mi abuelo conoció la democracia ya le quedaba poco pelo y menos dientes, creo poder afirmar que mi bisabuelo era un pésimo futurólogo). El segundo, mala pata de mi abuelo: con 365 días que tiene el año va y se le ocurre nacer el día de San Wenceslao. Y el tercero, en recuerdo de su padrino... Que al parecer no había Juanes y Pepes disponibles para apadrinarle. El resultado es que cada vez que a mi abuelo le pedían el DNI para lo que fuera, el funcionario de turno alzaba las cejas hasta el infinito y le ponía cara de compasión y como entonces no te podías cambiar el nombre, pues no le quedó más remedio que tomárselo a coña.
    Y a pesar de la triste historia de mi abuelito, en mi familia se estila bastante eso de poner nombres a lo loco - por la canción del verano, por inspiración del momento, porque se te acaba el plazo para inscribir al niño en el libro de familia- y colocarle motes a los críos que les duran hasta que peinan canas. Cierto que no se ha dado un caso tan duro como el de mi abuelito pero aún así, creo que deberíamos andar con ojo. Lo de ponerle nombre a alguien es muy delicado. Llega el pobre bebé, todo inocencia y buen rollito, y tú igual le endosas un nombre que no le pega nada o da pie a juegos de palabras chungos (Eva Fina Segura EXISTE, yo he visto ese DNI) o a diminutivos ridículos. O te empeñas en llamarlo como tú lo cual es un lío y, además en caso de nombres feos es doblemente cruel. O como a tu actor/deportista/cantante favorito (a mí me encanta Groucho Marx pero digo yo que a mi futuro hijo le querré más.. así que no le haré semejante faena). O te da la vena hippy y llamas a la pobre criatura - a la que aún no ha dado tiempo a hacerle daño a nadie- Siddharta Martínez. Que son ganas de que el nano te pille manía antes incluso de llegar a la edad del pavo. Ciero que para gustos hay colores y que te puede gustar muchísimo Nube como nombre... Pero en ese caso, cámbiatelo tú y al niño llámalo Daniel para que no se metan con él cuando pasen lista en clase. Por mucho que Shakespere dijera que un nombre no es nada porque el objeto nombrado conserva sus cualidades lo llames como lo llames, si le pones a tu hijo Romeo el crio tendrá muchos números para que le hagan llorar en el patio del cole.
    Un amigo mío solía decir que llamaría a sus hijos Blas y Ruth: " como son cortos, no les van a poner diminutivos horteras. No son del todo feos y, además, no te cansas diciendo el nombre cuando tengas que llamarlos a gritos". Al menos el tío meditó el asunto.
    September 22

    Síndrome otoñal

    Poniendo el blog a tono con la estación.
    El otoño me fastidia porque es la sala de espera del invierno. Y yo odio el invierno con toda mi alma. El otoño me recuerda que voy a pasarme los próximos siete meses enterrada bajo un montón de ropa, muerta de frío todo el rato... y muy plasta por ello, además. Si hay dos cosas que me ponen insoportable es tener frío y tener ganas de mear (y no poder aliviarlas, se entiende). No sólo lo llevo mal sino que me encargo de dar la brasa hasta que todo el mundo sufre conmigo. Me dedico a balar como un corderito "tengo frioooo, tengo friiiiiiooo" hasta el punto que cualquiera me enviaría gustosamente al Dr Lecter a cambio de un poco de silencio.
    Suelo hacer más amigos en las estaciones cálidas. En las frías conservo los que ya tengo porque aún queda compasión - y paciencia - en el mundo.
    Para acabar de arreglarlo, en otoño cumplo años y ya estamos llegando a una edad en que ese detalle fastidia un poco. Cierto que es mejor cumplirlos que no hacerlo (en ese caso, o eres un vampiro o estás muerto) pero lo peor de mi cumpleaños es que suele ser uno de los días más jodidos del año, como si los astros se aliaran para fastidiarme. Siempre pasa algo desagradable y siempre hay alguien que me regala calcetines (hay un número limitado de calcetines que una persona puede poseer. Aunque sean de rayas. En serio, BASTA YA). Y siempre hay algún gracioso que te suelta esas frases super originales tipo "eh, que ya se te pasa el arroz" (el colmo del ingenio y el buen rollito... que terminas considerando al bocazas un argumento a favor de la eugenesia). El día de tu cumpleaños deberían darte fiesta en el curro y permitirte ser antipático. Cuando Carmen lidere su revuelta sindical en pro del Día Libre Por Menstruación (tiene razón, el primer día deberías poder quedarte en casa hecha un ovillo, lamentándote mientras te hinchas a chocolate y saldevas) yo me uniré a ella para reivindicar el Día Libre Por Cumpleaños.
    Joder, a ver si sale el sol de una puñetera vez y viene el veranillo de San Martín porque como siga con este humor tan lúgubre van a terminar sacrificándome como a un tocinillo para que deje de lloriquear y enfurruñarme.
    Digamos que hoy no es mi dia...
        
     
     
     
     
     
     
     
     PS: ¿Qué puñetas es es del RSS? Bueno, ¿qué puñetas son todos esos botoncitos y opciones raras? Lo de añadir el msn y lo de agregar a no sé quién para que vea tu información. Algún alma caritativa que me lo explique, mil gracias.  Lo investigaría yo misma pero fijo que terminaba rayándome y escupiéndole al ordenador y no puedo hacerlo porque estoy usando el portátil de Nick
     
     
     
     
     
    September 20

    Gente que viaja

    Como ya se van acabando las vacaciones de todo el mundo, últimamente no hay día en que no me reencuentre con alguien y me cuente su viaje A Dónde Sea. Y yo, que ya ni me acuerdo de mis vacaciones y soy más pobre que una rata, ando envidiosa perdida. El lunes volvió la Carmita, recién llegada de Nueva York y totalmente flipada con la ciudad de los rascacielos. Nada le empañaba el enamoramiento, ni las medidas de seguridad de los aeropuertos, ni el hecho de que allí no se reclique (típico de Carmen fijarse en eso y más típico todavía que la escandalice gravemente), ni siquiera que no puedas fumar en ninguna parte. Y claro, si hay algo que tiene esta chica es que te contagia el entusiasmo y terminé planteándome seriamente visitar Nueva York el Día Que Tenga Dinero (ése es un día muy famoso que no llega nunca). De pequeñita la idea de ir a Nueva York me tentaba bastante, porque mi peli favorita era "King Kong" y quería ver el Empire State. Luego empecé a ver otras películas y se me quitaron las ganas por aquello de que igual te pegan un tiro. Además, últimamente yo sólo quiero ir Australia (un minuto de silencio en honor del recientemente fallecido Caçador de Cocodrils).

    En fin, con todo lo de las vacaciones ajenas, me ha dado por repasar mi curriculum viajero (al extranjero, se entiende). No es que salga mal en la comparación, pero la verdad es que tampoco es que sea Willy Fogg. Veamos:

    Holanda. Típico viaje de final de curso con el instituto a Amsterdam. Creo recordar que había canales. Y estoy completamente segura de que había porros. De hecho, el recuerdo más nítido que conservo es un bar que tenía una sóla mesa y, sobre ésta, en el techo, alguien había pegado una compresa (con alas y afortunadamente, limpia).

    Roma. Éste fue rollo viaje iniciático. Andaba rallada con todo y me apunté al viaje sin conocer a nadie que fuera también, lo cual era una ventaja porque en esa época estaba harta de toda la gente a la que ya conocía. Asi que me apunté y terminé juntándome con un montón de tías tan raritas como yo. Además, aprendí bastante de Historia del Arte, hice piernas a base de andar tol santo día y me dio mal rollo el Vaticano (con todas esas marcas en el suelo que pretenden demostar que es la Iglesia más grande del mundo... Es decir, "yo la tengo más larga". Esta visto que el complejo fálico no lo cura ni el voto de castidad) y en lugar de regalos le traje pasta a todo el mundo porque me quedé sin un duro a base de tomar capuccinos a todas horas.

    Londres. He estado dos veces allí, lo que no deja de ser bastante raro porque la primera vez no me gustó y, aún así, volví. Es que fue una época muy confusa de mi vida. Llovió todos los días (las dos veces... Era como cuando Forrest Gump va a Vietnam y le caen encima todas las formas posibles de lluvia. Lo mismito en Londres) y yo vivía en un sótano y fingía que no sabía inglés cuando venía la casera a cobrar el alquiler. La vida doméstica consistía en evitar que la novia de uno de los tíos que vivía conmigo se comiera toda la comida y te robara la pasta. Teníamos moqueta en el lavabo y algo que parecía parquet (pero no lo era) en el resto de la casa. Había un pasillo larguísimo decorado con los millones de tangas que mi housemate alemana ponía a secar allí. También había un jardín que parecía el Matto Grosso.  Conocí a un australiano que esnifaba pegamento y, cuando me deprimía, me iba al Holland Park y me sentaba a comer un sandwich repugnante junto al Reloj de Sol Más Inútil del Mundo (desde que lo construyeron dudo que haya dado la hora más de cuatro veces). Una vez eché un currículum en una librería y un doble de Paul McCartney me dijo que no buscaban gente y me dio tal ataque de No Puedo Más, Me Vuelvo a Mi Casa que le di pena  y terminó llamánome para hacerme una entrevista el día que yo me volvía a casa. El único sitio donde he vivido más situaciones surrealistas por minuto que allí fue en Albacete (pero ésa es otra historia).

    Podría ser menos típico pero también podría ser peor... Al menos, nunca he estado en Andorra.

     

    September 11

    Cosas de la Diada

    Cuando iba al cole, la asignatura de Historia empezaba con la Prehistoria (que es un periodo muy emocionante: va de huesos humanos que tienen miles de años y de hacer cosas con la piedra, con el bronce, con el hierro y con lo que encuentres), seguía con una lista de gente que nos invadió (a la mayoría no les guardamos rencor porque algo pillamos), luego con otra de gente a la que invadimos nosotros y gente a la que echamos (la mayoría de estos sí nos guardan rencor, porque pillamos demasiado) y... Bueno, pasados los Reyes Católicos, hasta Felipe II la cosa aún se podía seguir. Pero en cuanto se perdía la Armada Invencible ya no había quien se aclarara: en parte porque había demasiadas guerras, demasiados Felipes y demasiados Carlos, pero principalmente te hacías un lio porque a esas alturas de curso estábamos en abril y se te habían quitado las ganas de estudiar. Luego, en el instituto y la cosa iba más o menos igual, prehistoria, invasores, invadidos y gente endogámica por todas partes. Claro que entonces, como ya eras más mayor, en vez de quedarte en clase pintándole bigotes, gafas y cuernos a los retratos de los reyes, te ibas al bar a tomarte unas cañas. 

    Lo que quiero decir es que es bastante posible que en alguna clase a la que no presté atención o a la que no fui, explicaran por qué el 11 de Septiembre es la Diada. Pero, lo que es yo, no me enteré hasta que llegué a la universidad y me colaron una asigantura de Historia de Cataluña por la jeta, ya que no venía a cuento con la carrera. El caso es que una mañana fui a clase, - no sé por qué, hasta entonces me la había saltado religiosamente cada semana-  y resolví el enigma (tampoco es que me quitara el sueño): el 11 de Septiembre de 1714  las tropas de Felipe V entraron en Barcelona, hubo escabechina y se acabó la guerra de Sucesión, los fueros catalanes, la universidad de Barcelona y no sé cuántas cosas más. O sea, que la Diada conmemora una derrota. Por cierto, siempre que yo iba a esa clase, explicaban una. Al parecer, el tema central de la asignatura era: hubo una guerra, nos metiemos en ella y nos frieron. Conclusión: Orwell nos caló bien, los catalanes servimos para muchas cosas pero para la guerra va a ser que no.

    En fin, que esto - junto a otros ejemplos de sobras conocidos- demuestra que esta fecha es gafe. En mi casa, el 11-S más famoso, por lo catastrófico, es el del 1979. Cuando yo era cría, ese día siempre había mani en Barcelona y siempre acababa con follón. Y más aquel año, que fue el del Estatut ("el de llibertat, amnistía i estatut d'autonomía"). En aquella época, a mí me faltaba algo más de un mes para cumplir dos años; a mi hermana mediana, mes y medio para cumplir uno y a la pequeña pocas semanas para nacer. En cuanto a mis padres, como estaban tan ocupados haciendo y pariendo niñas, debian andar desinformados de lo que pasaba en el mundo, porque no se les ocurrió nada mejor que ir a dar un paseo por las Ramblas, con hijas, cochecitos y bombo incluidos. Por supuesto, terminaron corriendo delante de unos manifestantes que, a su vez, corrían delante de la policia. Ésa fue la primera y última vez que mi padre ha estado una manifestación y desde entonces no sale de casa en esta fecha ni arrastraó, a pesar de que, con el tiempo, el "seny" catalán se ha impuesto y la mayor parte de la gente consagra la Fiesta Nacional a aprovechar lo poco que queda de verano e irse a la playa, que es lo más inteligente que puedes hacer cuando acabas de regresar de las vacaciones y te cae un día de fiesta entre semana como llovido del cielo.

    Pues eso, si los yanquis pueden daros la brasa con su 11-S, yo también os la puedo dar con el mío.

     

     

     

    September 08

    Me suena tu cara

    La semana pasada le explicaba a una de mis compis de curro preferidas (la gran Jenny) que han perpetrado una versión cinematográfica de "Miami Vice". Había visto el trailer el sábado anterior y aún andaba medio trauma. Jenny defendió la película con el clásico - e irrefutable- argumento de El Prota Está Muy Bueno. Yo contesté "prefiero a Jamie Foxx pero sí, es verdad que es guapo... ¿cómo se llama?"
    Y en este punto se hizo el silencio. Ni idea. Ninguna de las dos. Y eso que yo suelo acordarme de TODO.
    Nos picamos. Ni siquiera valía de "lo tengo en la punta de la lengua". Es que no teníamos ni idea. Da rabia no recordar las cosas (o no saberlas directamente). Jenny - que no se acordaba del nombre pero sí de toda la filmografía del tipo- sugirió que buscásemos sus películas en la base de datos. Podríamos encontrar el nombre en la ficha técnica.
    - Prueba con "Daredevil". Era el malo - Mientras lo hacía, pensé que más tarde debería tener una charla con Jenny sobre las pelis que ve.
    Lo hice. Intérpretes: Ben Affleck, Jennifer Garner. Jon Favreau.
    - Hummm, prueba con la de Los Hombres de Harrelson... S.W.A.T... hacia del tipo que se va siempre al tejado - en serio, la adoro, pero esta chica ve pelis muy chungas.
    Samuel L. Jackson, Michelle Rodríguez, LL Cool J.
    Pues tampoco.
    - Joder... "Alejandro Magno". Era el protagonista. Tiene que salir.
    Angelina Jolie, Anthony Hopkins, Jared Leto.
    - No puede ser... ¡pero si hacía de Alejandro!
    Así que llamamos a la sección de Cine: ellos lo saben todo. Todo. Saben hasta el número exacto de botellas que vaciaron Houston y Bogart mano a mano en el rodaje de "La Reina de África".
    - Pregúntales cómo se llama el tío que hace de John Smith en "El Nuevo Mundo"... seguro que ellos han visto ésa- propuse.
    Y sí, se acordaban de la peli. Pero ni con una pistola en la cabeza les habría salido el nombre... Sólo se acordaban de que salía en "Tigerland".
    Bingo: Colin Farrell.
    Si alguna vez este chico gana un óscar, en lugar de su nombre dirán "el oscar es para... eh... sí tú, el que hizo de Sonny Crockett". Y entonces, se levantará Don Johnson a recoger el premio.
    Pobrecito.
    (Por cierto... no tengo ni idea de qué cara tiene Jared Leto)
    September 06

    El mundo laboral

    La cosa empezó el otro día cuando me dio la neura de arreglarme el curriculum para ver si me espabilaba el futuro. Veamos mi lista de empleos hasta la fecha.

    1. En el banco. No estaba mal. Pagaban bien y, como eras sustituta de verano, nadie te comía mucho la cabeza. Pero como sólo te pillaban para un mes tampoco podía una edificar una carrera con eso. Y, de todos modos, me dan grima los bancos.

    2. En el video-club. Aprendí mucho sobre eso que llaman "explotación laboral" y también sobre lo demencial que es la industria del porno.

    3. En la cafetería. Supe que no era lo mío desde el primer día pero la tarde en que una vieja repollo me pidió "un café con leche descafeinado de máquina, corto de café, con la leche desnatada, muy caliente pero sin espuma, dos sobres de sacarina y servido en vaso" (juro que me lo pidió así. Que daban ganas de decirle: "si tan complicado es tomarte un café, tómatelo en tu casa, so plasta"). Me rayé tanto que hasta consideré factible irme a vivir a Londres porque pensé que peor no podría ser. Lo cual da una idea de lo harta que estaba (Londres y yo somos aceite y agua. Concretamente, yo soy el aceite y esa ciudad, evidentemente, es el agua) .

    4. En Miró. Había oido hablar de la mezquindad, de la maldad y de la estupidez del ser humano pero hasta entonces no las había conocido personalmente. Desde que me largué de allí - dejándolos más colgados que un paragüas y sin el menor cargo de conciencia- no he vuelto a pisar una tienda de esas ni para comprar pilas. Me estropea el karma.

    5. En el cole. Es la única vez que he ejercido algo parecido al poder absoluto: llevaba silbato y podía castigar a la gente. También me desquiciaba bastante pero el curro me daba para grandes anécdotas (Satán, el niño inolvidable). En cuanto al tema de educar gente... Bueno, desarrollé la Técnica de La Mano (cuando un crío se pone pesadito, se le pone la mano delante de la cara. El crío se raya, se le olvida lo que estaba diciendo y deja de incordiar) y la de Espábilate (no tiene mucho misterio. Consiste en decirle "espabílate". Al final lo adoptan como un mantra). También tenía la pésima costumbre de decirles la verdad.  Dudo mucho que los educadores repollos lo admitan como métodos "adecuados"... aunque a mí me funcionaban de maravilla.

    6. El de ahora. Básicamente consiste en que no te falta pasta en la caja y en mantener la sonrisa mientras estás pensando "ay, dejadme en paz un rato, joder". Si alguien piensa que es fácil, que lo pruebe y luego me lo cuenta. Ser simpática por dinero es muy agotador.  Además aquí se cumplen todas, todas las leyes de Murphy: las cosas farragosas siempre surgen cuando faltan cinco minutos para que te vayas, cuando tienes un sábado libre, alguien se pone enfermo y se van los horarios a la porra y el día en que ha fallado media plantilla, la gente viene a la tienda en manadas.

    Así que pasé de arreglar el currículum y he decidido que voy a opositar. Teniendo en cuenta que mi principal aspiración laboral es no tener que preocuparme por el curro, me parece la mejor opción. Que vengan los cantautores y los snobs a decirme que el funcionariado se pinta de gris. Está claro que no saben que el resto del abanico laboral es de un sospechoso color marrón. Además, peor no me van a pagar.