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October 23 No he visto la luz... Y si la hubiera visto NO habría ido hacia ella.Hoy he dedicado el día a dos cosas:
1. Sonarme los mocos.
2. Traumatrizar niños y revivir miedos de mi infancia.
Sobre lo primero, poco hay que decir. Es una de las razones por las que me jode el otoño... Siempre me resfrío y me da muchísima rabia. Odio pasarme el día moqueando, con el bolso lleno de kleenex, voz gangosa y la nariz enrojecida.
Sobre lo segundo... Bueh, la cosa va así.
Esta mañana me he levantado maldiciendo el lunes (perfectamente normal), he tomado un café con desgana en el bar de abajo y luego me he ido al cole a cumplir con mi horita diaria de trato con la infancia (no es ninguna condena judicial, lo hago por dinero). Todo iba como siempre: los críos dedicándose a dibujar Pokemons y yo a ojear el periódico con la extraña sensación de que no acababa de enterarme de lo que decía. Lo malo ha llegado cuando me he levantado a contemplar una de las obras de arte moderno de mis niños (me molan bastante sus garabatos, siempre he querido estampar camisetas con ellos) y todo se ha puesto negro y he pasado bruscamente de la posición vertical a la horizontal.
Esta es la parte en la que he traumatizado a los críos... Se ha puesto a chillar como locos... Bueno, tienen entre cuatro y diez años, es perfectamente comprensible que tener sangre fría en situaciones críticas no sea lo suyo. La peor parte ha llegado cuando uno se ha puesto a vociferar que la seño se había muerto y les ha contagiado la idea a los demás. (Nota: los niños son contagiosos en todos los aspectos. Te pegan virus, piojos y paranoias en cuestión de segundos, son todo un desafío para las leyes de la biología, la física y la lógica).
Y esta es la parte en que me he traumatizado yo.
De pequeñita veía muchas pelis de Roger Corman que luego me provocaban unas pesadillas chunguísimas (pero no por ello dejaba de verlas... Era una niña masoca). Las que más miedo me daban eran las de vampiros y las de gente que se quedaba catatónica y era enterrada viva. Llegó a obsesionarme tanto esto último que hice prometer a mi familia que, si me moría, se asegurarían bien de que estaba realmente muerta antes de meterme en una caja. El caso es que esta mañana escuchaba a los niños gritar que me había muerto pero mi cuerpo se negaba a reaccionar y no tenía manera de demostrar que NO estaba muerta; y como tenía el cerebro cortocircuitado (¿existe esta palaba?) no podía dejar de pensar en que me iban a enterrar viva.
Al final la cosa ha acabado con la madre de mi jefe obligándome a tragar sal y dándome cachetes en la cara (lo que no ha contribuido para nada a tranquilizar a mis niños. Supongo que les parecía horrible que maltratasen mi cadáver). Me he reanimado un poco y he tratado de convencerles de que no me había muerto... Sin demasiado éxito, porque estaba gris y desencajada y tenía las piernas de goma. Supongo que habrán pensado que era un zombie. Al final, me miraban de reojo, como esperando que me desplomara en cualquier momento. Estoy segura de que pensaban que mi esperanza de vida a corto plazo era muy escasa.
Total, yo me he pasado el resto del día tumbada y me imagino que ellos tendrán pesadillas esta noche. De modo que, de ahora en adelante, debo procurar:
1. Morirme en privado o, al menos no hacerlo delante de niños/gente impresionable.
2. Si tengo que morirme en público (o aparentar que lo hago)hacerlo con un poco menos de teatro (no puedo evitarlo, tengo dos hermanas menores. Cuando era cría si quería que me hicieran caso cuando me ponía mala, tenía que armar mucho escándalo)
3. Ser más convincente cuando regreso (o parece que lo haga) de entre los muertos.
4. Seguir traumatizando a los críos con los métodos habituales: obligarles a comer verdura o sentarlos en la Sillita Fea (que es la versión cómoda del Cara a la Pared) en lugar de hacerlo convirtiéndome en su Primer Contacto Con La Muerte
5. Dejar de decirle a todo el mundo que quiero ser incinerada... Por si acaso.
October 17 Llamadas perdidasAyer sufrí una de las (pequeñas) tragedias de la vida moderna.
Se me jodió el móvil.
Cualquiera que me haya llamado alguna vez, sabrá que no es precisamente un objeto al que yo le haga mucho caso. Generalmente es sin querer: no lo oigo cuando suena, cuando logro encontrarlo en el bolso (otro día hablaré de esos pequeños agujeros negros que llevo colgados del hombro) ya ha saltado el contestador y nunca devuelvo las llamadas porque, además de la miopía y el sentido del absurso, heredé de mi papá su extraña pereza hacia el teléfono. En resumen, que se me joda el móvil no afecta demasiado a mi vida diaria. Objetivamente, estoy mejor así: ahora puedo desaparecer a voluntad. En cambio, con ese chisme a cuestas tengo que inventarme excusas para justificar mis ataques de insociabilidad.
En realidad, el móvil te jode toda la intimidad: puesto que siempre puedes llevarlo encima, se da por sentado que siempre estás disponible para todo el mundo y que tienes que dar explicaciones cuando no (quieres, puedes, apetece) estás. O sea, que le das derecho a todo el mundo a meter las narices en lo que haces en cada momento... o al menos, en los momentos en los que ellos te llaman. Tanto si te apetece como si no, si es un buen momento o no. A la que le das tu número de móvil a alguien, adquieres la obligación de descolgar cuando llame y otorgas el derecho a meterse en tu vida en el momento que al otro le apetezca.
Y aún así, aunque paso del móvil, aunque me parece similar a llevar un mini-Gran Hermano... Aún así, he pasado todo el día incómoda y sintiéndome... desprotegida. Como si me hubiese olvidado ponerme los pantalones esta mañana o algo parecido.
Lo que hace la sociedad de consumo. Han conseguido que añore estar constantemente controlada.
PS. FELIZ CUMPLE, PEQUE!
October 15 Disquisiciones políticasFaltan cinco días para mi cumpleaños (ya hablaremos del tema cuando esté apropiadamente deprimida. Por ahora, me limito a poner el fondo acorde con la situación) y no sé cuántos días para las elecciones a la Generalitat. Sé que se acercan porque está el metro empapelado con propaganda electoral pero no recuerdo el día exacto porque últimamente me he desconectado bastante de la actualidad. Hasta ahora, el tema que más me inquietaba de los comicios era que me volvieran a citar como vocal (ésa es una de las Grandes Putadas que puede hacerte el Estado democrático, doy fe). Pero, puesto que ya han llegado las tarjetas de votante y todo eso y no he recibido ninguna carta de la Junta Electoral, es casi seguro que me he librado. Superado lo peor, miro con cierto interés los slóganes y las fotos de los candidatos. El panorama está así, más o menos:
Artur Mas... Conocido como "el hombre que tiene el reto de estar siempre perfecto". Si no me equivoco, su slógan es "más tripartito, no gracias" y el cartel es una cosa rara que viene a simbolizar un lio enorme. Dejando a un lado cuestiones ideológicas, votar a CIU en general y a este tio en particular me parece un aburrimiento (es como montar en la noria. El tripartito era rollo Dragon Khan. Yo le he pillado el gusto a las emociones fuertes). Además, la idea de que gobierne alguien que parece la versión masculina de Isabel Tocino (la de la laca) me da repelús
José Montilla... No me acuerdo del slógan, sólo de la foto de Montilla haciendo ver que curra mucho en su despacho. Me cae bien, y me mola su rollo charnego. Tiene a su favor que a él ya no se le ocurrirá hacer un nuevo Estatut. Y en contra, que ya se le ocurrió a Maragall.
Carod-Rovira... Ni para presidente de la comunidad de vecinos. Se le va la olla, oiga. Además, con ese mostacho, me hace pensar en una morsa. Nunca podría tomármelo en serio y lo malo de ese tío es que jamás puedes tomártelo en broma.
Joan Saura... En las últimas elecciones prometió que los tomates volverían a saber a tomate. Ha estado en el Govern y los tomates siguen siendo una mierda. Tal vez es que le liaron con el Estatut y no pudo dedicarse a la agricultura, pero aún así, toda promesa electoral incumplida da muy mala imagen.
Josep Piqué... Tiene el slógan que más gracia me hace: "estas también son sus elecciones"... que es como decir: "ya sé que aquí tengo cuatro votantes y pasan de ir a las urnas pero... joder, enrollaós un poco". Este pobre hombre empezó pareciéndose a Míster Burns y ha acabado recordando a Calimero, con esa cara de lástima que tiene últimamente. Nunca le votaría pero le admiro un poquito (nunca pensé que diría esto de alguien del PP) por tener más moral que el alcoyano.
Pasaría de ir a votar o volvería a votar nulo, pero me da mal rollo que el Sr. Gomina Por Un Tubo termine gobernando. Tendrían que dejarnos elegir ya no al president, también a los candidatos. Es que, con estas opciones, no me siento nada inspirada.
October 12 La cortesía orientalDos semanas metida o en el curro o en los apuntes de Derecho Administrativo (lo primero es trabajo, su propio nombre ya da la idea de lo divertido que puede ser. En cuanto a lo segundo... Bueno, seguramente mirar pastar a las vacas sea más aburrido que el Derecho Administrativo pero yo no estaría tan segura). En uno de los escasos ratos en los que he podido usar el cerebro para pensar en mis cosas, lei en el periódico una noticia bastante graciosa. Puesto que China está entrando en el fascinante mundo del consumismo, el número de chinos que hacen turismo ha aumentado bastante (da escalofríos pensar en cosas como "números" y "aumentar" cuando se habla de la población china, ¿no?). Y al parecer, el guiri chino se está ganando fama de ser un marrano y un mal educado allá donde va a hacer fotos. Así que el gobierno chino ha decidido tomar cartas en el asunto y ha editado una guía de "buenos modales" para aquellos ciudadanos que viajen al extranjero. En ella, entre otras cosas, se recomienda evitar ciertas costumbres muy arraigadas en China que, al parecer, molestan, escandalizan e incomodan a los sensibles y refinados occidentales (o sea, nosotros). Algunas de estas costumbres son:
- Pasearse en pijama por la calle.
- Escupir en el suelo.
- No respetar las colas.
- Tocar la comida con los dedos.
Es decir, cosas ra-rí-si-mas que no se ven en estos lares. No os engañéis, todas esas yayas que pasean el perro en bata y zapatillas de andar por casa (no acabo de pillar por qué eso es molesto para los demás)... Son chinas. Todos esos escupitajos que perlan las aceras... Obra de un grupo de turistas chinos. La típica abuela que se te cuela siempre, siempre, siempre en el súper... Una agente china de incógnito. Y lo de tocar la comida con los dedos... Bueno, al parecer, todos los invitados de todas las bodas a las que he ido eran miembros de la embajada china y/o propietarios de un Todo a Cien.
Moraleja: maleducados (y sigo reivindicando el derecho a salir a la calle en pijama si te apetece, que conste) los hay en Pequín y aquí. Pero sólo a los chinos se les ha ocurrido hacer algo al respecto, lo que dice mucho en favor de su concepto de la cortesía. El resto de la Humanidad tiende a salir al extranjero como quien sale al patio de su casa: no sólo escupes y haces cosas peores (quien tenga dudas, que se pase cualquier sábado por la noche, de junio a septiembre, por Lloret y entenderá lo que quiero decir) sino que además ni se te ocurre pensar en lo "raro" que tus costumbres puedan parecerle a la población autóctona ni muchísimo menos, que les puedan molestar. Eso te la pela mil veces. De hecho, a lo que te dedicas durante toda tu visita es a criticar todo - desde las costumbres hasta la comida- del país en el que estás.
Para muestra un botón: el otro día, una clienta de nacionalidad que no mencionaré (porque tienen un servicio secreto del copón y no quiero acabar en su lista negra... Y no, no son USA, al lado de estos, la CIA son una panda de mataós) se enfadó conmigo por el tema habitual (sin pasaporte no pagas con VISA) y me deseó, poniendo cara de estar echándome mal de ojo, que cuando yo saliera al extranjero que trataran igual (de mal, supongo) de lo que yo la había tratado a ella. Teniendo en cuenta como tratan los suyos a la gente con la que comparten país, me conformo precisamente con que no me traten como a ellos.
En fin, que bienvenidos sean los turistas chinos. Pueden que sean unos cerditos, pero en general todos lo somos... Y ellos al menos, lo admiten. |
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